Encuentro con Lucy
Lucy era una prostituta joven pero experimentada. Solo veia algunos clientes seleccionados, generalmente hombres maduros y casados como yo. Ella tenía su apartamento donde me recibía y nos entregabamos a atrevidos juegos sexuales que mi esposa jamás me permitiría. Era delgada pero tenía un hermoso culo redondeado y unas tetas erectas y firmes. Después de alguna tarde hablabamos de sexo y me demostraba una agudeza y una mente abierta y receptiva. Generalmente ella me chupaba el pene hasta paramelo, cosa que algunas veces demoraba bastante, y luego yo la penetraba por el ano. Un día ella me confió que era estudiante avanzada de psicología y que había notado mis problemas de erección y mi franca inclinación hacia el sexo anal. Yo evadí el tema pero ella insistía.

-Vamos, hablame de tus intimidades, abre tu mente. Si vences tus represiones y tus miedos gozarás más del sexo, al fin y al cabo solo se trata de eso, de disfrutar. Yo creo que hay algo mas que no asumes, que no dejas manifestarse. Mira hagamos algo distinto, probemos algunas cosas nuevas. Dime ¿alguna vez te has trasvestido? ¿alguna vez te has puesto ropa interior femenina? -me preguntó como si fuera lo más normal.

-¿Qué cosa?... no, no. ¿Qué crees que soy? ¿Cómo voy a hacer algo así?... nunca. -respondí atropelladamente. Ella me miró fijamente, yo aparté la vista. En realidad lo había hecho varias veces en la intimidad de mi cuarto. Mientras mi esposa estaba de viaje o en casa de sus padres, me desnudaba totalmente y escogía sus prendas mas sugestivas y me las ponía para luego masturbarme frente al espejo hasta tener violentos orgasmos.

-Si tu lo dices, bueno. En todo caso ¿por que no probamos?. Sí, sí no me mires así, es solo un juego, déjame vestirte de mujer, dame el gusto, mira mi novio me acaba de regalar una lencería maravillosa, déjame ponertela. -dijo mientras sacaba de un cajón unos calzones de encaje rosados con volados de color rojo y un sostén del mismo material, luego sacó un "Baby doll" de color carne transparente. Yo me sentía sumamente excitado y ella lo notaba. Me paré desnudo al pie de la cama y dejé que ella me pusiera aquellas hermosas prendas. El calzón era grande pero ceñido, me marcaba las nalgas en forma provocativa, me miré al espejo de cuerpo entero y me vi raro pero deseable, por un momento olvidé a Lucy y quebré la cintura y me contoneé frente al espejo. Ella estaba totalmente desnuda y me sonreía. Pronto nos besabamos y acariciabamos, sin embargo sus manos no buscaban mi pene sino mis nalgas, acariciandome con insistencia y sensualidad, caimos en la cama, mi erección era total, ella se había excitado notablemente y estaba húmeda y jadeante. Pronto intensifico sus caricias sobre mi culo que empezaba a moverse para recibir sus dedos que entrando bajo el calzón tocaban mi ano.

-Bueno, creo que hoy no va a ser mi culo el penetrado. -me susurró roncamente al oído. Me había vuelto boca abajo y me enrrolló el calzon sobre los muslos, yo ya francamente entregado a sus juegos colaboré arrollandome el baby doll encima de la cintura y dejando abierto el camino a sus manos habiles. Luego sentí su aliento ardiente entre mis nalgas y que las separaba con las manos..

-¡Oooohhh... que deliciaaaa... hazlo, Lucy, hazlo... chúpame el culo! -primero sentí sus labios sellarse en mi orificio anal como una boca a otra boca, luego su lengua puntiaguda empezó a entrar y salir de mi recto.

-¡Aaaaahhhhh tu lenguaaa... tu lenguaaa meeee meee vennnn...goooooo! -grité y me acabé repentinamente.

Sin embargo ella siguió, me lamia las nalgas, la parte inferior de los muslos, pronto tuve otra erección. Cuando volví a estar plenamente excitado ella se separó y abrió la mesa de noche. Sacó un falo de látex rosado que imitaba la forma de un pene, nos miramos unos instantes sin decir nada. Lucy me acarició las mejillas con la punta del falo, sentí un olor a látex perfumado. Cuando lo presionó contra mis labios abrí la boca y lo chupé, ella pareció quedar conforme y sacó un pote de lubricante. Ahora ya los dos sabíamos que iba a pasar y lo deseabamos. Moví el culo con impaciencia mientras ella se tomaba su tiempo para abrir el pote y llenarse los dedos de lubricante, me estremecí involuntariamente al sentir la crema fría que era esparcida sobre mis gluteos. Lucy me estaba lubricando. Y también me poseía de una manera sutil y concluyente, se puso a mi lado y empezó a restregarme el falo entre las nalgas, yo lo sentía resbaladizo y duro, no era excesivamente grueso. Finalmente entró de punta y volví a gemir cuando se abrió paso unos centímetros dentro de mi cuerpo. Ella se detuvo un momento y me hizo volver la cara hacia su rostro.

-Quiero verte la cara cuando te entierre esta cosa en el culo. Cuando sientas algo parecido a lo que yo he sentido tantas veces, abrete, abrete, goza... -Y repentinamente empujó el instrumento enterrándolo totalmente en mis intestinos.

-¡Ooffffff... clavadoooooo... estoy clavadoooo! -Luego ella lo empezó a mover con destreza y todo fue un frenesí de quejidos, jadeos y gemidos. Yo me contorsionaba mientras ella me susurraba palabras soeces al oído, tratándome de puta, de hembra, de mujercita. Mis gritos al acabar se deben haber escuchado en todo el edificio.

Cuando volví en mi Lucy seguía a mi lado sonriendome.

-Eso era, sabíaa que era eso ¿Sabes? cuando le conté a mi novio de ti él me dijo: "Ese está pidiendo a gritos que lo claven", yo estuve de acuerdo. -comentó.

Desde ese día nuestra rutina sexual incluía invariablemente la penetración anal. Yo me desnudaba rapidamente y me agachaba para ser complacido. Yo le confesé mis fantasias sexuales, mis deseos reprimidos. Cuando ella lo sugirió me parecis casi natural.

-¿Sabes? Creo que ya no me necesitas a mi, creo que es hora que te decidas y lo aceptes -dijo.

-¿Aceptar? ¿Aceptar qué? -respondí.
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-Que lo que quieres es ser penetrado por otro hombre, sentir las caricias de unas manos fuertes, masculinas, derretirte en sus brazos, sentirte deseado.

-No, te equivocas, es solo una fantasía, de ninguna manera yo...

-Mi novio quiere hacertelo. -me interrumpió sin hacerme caso. Yo callé bruscamente. Conocía a Carlos, su novio, era joven alto, musculoso, bien parecido.

-Ponte tu ropa interior, vamos, no temas él está viniendo. Tiene experiencia ¿acaso crees que eres el primero que tengo que es un homosexual reprimido? te sorprendería saber cuántos conozco como tu, algunos se animan, otros no, aquellos que se animan, bueno, Carlos los desflora con delicadeza.

Asentí mecánicamente, la idea de tener sexo con otro hombre me era cada vez más atrayente, sin embargo estaba nervioso y aun no decidido del todo. Alicia no hizo mucho caso a mis dudas y empezó a ponerme las prendas femeninas, yo la dejaba, pronto estuve vestido de mujer una vez mas: calzón y sostén de satén y un delicado baby doll con ribetes de encaje todo color rosado. Despues apagó la luz, el cuarto quedó en la semipenumbra. Escuché la puerta de calle y Alicia salió a recibir a Carlos. Hablaron algo en voz baja, luego la puerta del dormitorio se abrió y cerró, yo me volví de espaldas. Unos brazos fuertes y grandes me rodearon la cintura.

-Relájate, no tengas miedo. Lucy me contó todo, solo disfruta, vamos, así, así, relájate. -decía Carlos, mientras me besuqueaba el cuello y el lóbulo de la oreja. Sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo con destreza y suavidad, mis caderas, el interior de mis muslos, la parte inferior de mis nalgas. Yo suspiré y me apoyé en él. Lo sentí desnudo a través de la tela del baby doll, solo tenía puesto un calzón. Ahora me lamía el cuello y con la punta de sus dedos frotaba mis pezones que, con sorpresa, sentí erectarse.

En la penumbra apenas adivinaba sus formas, cerré los ojos y él siguió acariciándome, me tocaba en sitios que me estremecian y casi sin que lo notara me iba haciendo mujer antes de penetrarme, yo me sentía femenina y dispuesta, decididamente quería que me desfloraran. El me volvió con delicadeza y tomándome por la nuca me besó metiéndome la lengua entre los labios. Yo acaricié sus fuertes hombros y respondí con pasión.

-Así, asssí, ¿ves, te gusta, verdad? -dijo.

-¡Oh, sí, sí, me gusta que me toques asi! ¿puedo, puedo agarrarte el miembro? -dije.

-Arrodíllate... así.- yo obedecí. Mis ojos acostumbrados a la oscuridad pudieron distinguir un abultado calzon de látex con un cierre adelante. El con parsimonia fue bajando el cierre y revelándome un pene grueso y palpitante, totalmente erecto. Cerré los ojos cuando él empezó a acariciarme las mejillas con la glande húmeda de su miembro, sentí su olor fuerte, almizclado, sentí su dureza cuando pasó sobre mis labios.

-Esto te hara mujer, esto es lo que te meteré por el culo hasta que te sientas lleno, esto te rompera el ano y te llenara de semen, sientelo, sientelo. -susurraba mientras deslizaba el pene sobre mis labios dejando un rastro cremoso.

-No, no lo demores mas, hazmelo, tomame antes que me arrepienta. vamos a la cama, vamos, Carlos, no me des tiempo a pensar lo que estoy haciendo, quiero estar roto. -supliqué.

Caímos en el lecho entre besos, caricias y suspiros, me bajé el calzón y me lamió las nalgas. Luego empezó a untarme con crema todo el culo. Me volteó de costado y me hizo levantar una pierna, después se pegó a mi, casi me acabo cuando sentí su cabeza caliente contra mi orificio anal. Resbaló varias veces hasta que sentí unos centimetros separar mis carnes, pese a las repetidas sesiones con Lucy mi ano aun estaba demasiado cerrado para aquella cosa gruesa y caliente que pugnaba por abrirse paso dentro mio. El se apretó un poco más y sentí un pequeño dolor cuando parte de su glande se abrió camino en mi orificio.

-Esto va a dolerte, pero al final te gustara... -dijo.

Luego se apretó más aun y giró con violencia hacia arriba arrastrando mi cuerpo contra el suyo, por un segundo quedé sobre él con todo mi peso contra su duro miembro, luego mi propio peso hizo que me empalara brutalmente en su verga. Chillé de dolor y una sensación de plenitud casi me ahogaba, él las meneó dos o tres veces haciendome gemir. -Oojj... aahh... ¿esstaaá... esstaá toda adentrooo?... -pregunté.

-Hasta el último centimetro, mi amorcito -susurró en mi oído.

Luego me abandoné con voluptuosidad a sus deseos. Sentía una deliciosa sensación de entrega total mientras él jugaba con mi cuerpo, apretándome, meciéndome, entrando dentro mío con fuerza y vigor. Mis brazos colgaban flacidos y mis piernas también, mi recto, abierto total y definitivamente, aceptaba la dureza de su pene que entraba y salía. Yo gemía y sollozaba quedamente, de mis labios entreabiertos caía un fino hilo de saliva. Me volteó, poniendome boca abajo y me penetró una y otra vez. Cuando su semen caliente y espeso inundó mis entrañas oleadas interminables de placer me llevaron a un orgasmo violento.

Marcelo

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